Archive for June, 2007

Fuji no itadaki

Wednesday, June 6th, 2007

Hace un ratillo estaba probando uno de los pastelitos que trajo mi amiga Kayoko como souvenirs desde el Fujisan. Se trata de chocolatinas con forma de montañitas con nieve. El sabor me recuerda a los clásicos “Huesitos” de España, que por cierto he visto alguna que otra vez en el súper que hay en la estación de Kobe.

A propósito, esta foto es de Jonatí­n, de cuando el año pasado se aventuró a subir al Fuji. Yo aún no lo he visto, pasé por allí­ en el Shinkansen, camino de Tokio, pero… me quedé dormido, totalmente sopa…

PenesamiG

Sunday, June 3rd, 2007

Mi amigo Hiro encontró esta pila de la foto cuyo nombre se presta a múltiples interpretaciones. Yo recuerdo que una vez en un todo a 100 de Sevilla vi otra marca por el estilo: “Panashiba”, ahí­ queda eso…

Descansen en paz, ellos también

Friday, June 1st, 2007

Durante la pasada Golden Week estuve un par de dí­as por la prefectura de Shiga. Esta vez aproveché para visitar otro de los grandes templos de la zona, Miidera, del que os hablaré en un próximo post. Hoy os quiero mostrar lo que encontré junto a uno de los aparcamientos que hay cerca de la entrada al recinto de Miidera.

Como habréis podido adivinar se trata de un cementerio de mascotas.
Ya en alguna que otra ocasión he hablado del trato que las mascotas reciben en este paí­s durante el tiempo que están con sus dueños, pero resulta que cuando estos animalillos dejan esta vida sus dueños, en algunos casos, no solo no les olvidan sino que les rinden culto como a cualquier otro ser querido fallecido.

Nombres y más nombres de mascotas homenajeadas por sus agradecidos dueños.

La verdad es que yo nunca he tenido perro o gato, tan sólo tuve algunos canarios, alguna que otra carpa o pececillos rojos y una tortuga, mascotas que difí­cilmente marcan la vida de uno, por mucha pena que dé el perderlas. Por tanto no puedo sino tratar de comprender el vací­o que a sus dueños les puede ocasionar la muerte de uno de esos perros o gatos que llegaron a casa un dí­a siendo cachorrillos y que siempre respondieron fielmente a la voz de su amo. Sin duda ha de ser un mal trago.

La taza donde solí­a beber este pequeño, de nombre Yuutachan.

Me sorprendió ver aquel muro con los nombres de tantas mascotas y todos aquellos objetos que esos animales usaron en vida. Como si se tratase de personas sus dueños acuden al lugar con flores, colocan velas, fotos, incluso comida. Realmente no creo que la fidelidad de esos animales no merezca todo eso, me agrada ver que se ganaron el reconocimiento más humano: el de ser recordados.